Sentía que caía de un precipicio y desperté al lado de Linds, y Pulgas entre sus brazos. La toqué un poco y gimió perezosa, pero abrió lo ojos y me miró.
- Amy ¿cómo te encuentras? ayer nos pegaste un buen susto, tu madre se puso como loca.
- Estoy bien, me siento cansada pero estoy bien - Dije, aunque pensaba en Eliel más que otra cosa, ¿volvería esta noche? por otro lado mi parte más sensata me decía que solo podía ser un sueño.
- Te traje a casa desde el pueblo, llamé a tu madre por el camino y le conté lo ocurrido, fue tal la angustia que no entendía palabra de lo que decía, como no tenía activado el manos libres le dije que te traía a casa, tu madre ya estaba aquí antes de llegar nosotras, con Harold - el médico del pueblo- nos dijo que no nos preocupáramos que sería una bajada de tensión, que te dejáramos descansar y aquí estamos. No quise irme a casa hasta estar segura de que estabas bien, tu madre ya se ha ido a trabajar, no sin antes pasar a verte.
- Uhmm.
- ¿Me vas a decir qué es lo que pasa?, te pasaste la noche hablando en sueños aunque no entendía nada solo oí el nombre de Gabriel.
- Pues no sé que soñé, no me acuerdo de nada - Mentí no quería que pensara que estaba loca, esta historia me traía de cabeza. - Vamos a desayunar, ¿te parece?.
- Mejor opción imposible - Le encantaba comer, a pesar de que comía como un elefante no tenía un kilo de más, la envidiaba - Me pido unos cruasanes de mantequilla y un café mmmm, vamos allá, buenos días vida. Gritó
Bajamos la escalera aún en pijama y nos pusimos manos a la obra, yo me tomé una taza de leche con colacao y un cruasan a la plancha, mientras Lindsay se tomó dos cruasanes una taza de café y luego para rematar dos tostadas con mermelada y mantequilla, puaggg¡¡¡ ¿cómo podía comer tanto por la mañana?, mi estómago no estaba preparado para bombas, eso seguro. Al terminar el desayuno Linds llamó a casa de sus padres para decirles que pasaba el día conmigo ya que no me veía bien, sus padres aceptaron, nos conocíamos desde que eramos pequeñas y siempre habíamos acostumbrado a quedarnos una en la casa de la otra, hasta nuestros padres tenían una relación de amistad.
Subimos a mi habitación y cogimos ropa limpia. Mientras ella se duchaba yo me limpiaba lo dientes y me recogía el pelo en un moño para no mojarlo. Al terminar nos vestimos y nos fuimos a coger sol a la parte de atrás de la casa, sacamos las hamacas, unas limonadas, y la radio vieja de mi padre. Mi padre, aquella palabra me sonaba extraña en la cabeza, y de pronto recordé algo. Un día cuando me dirigía con mi padre a comprar el pan como todos los domingos, algo en la ruta cambió, normalmente íbamos directamente a la panadería, pero esa vez nos desviamos, recorrimos un largo trayecto y nos quedamos frente a una especie de iglesia, nunca había pasado por allí, no recuerdo por dónde fuimos era muy pequeña para recordarlo, pero sí recuerdo perfectamente la iglesia, sobre todo por sus cristaleras llenas de ángeles preciosos ataviados con ropas blancas y a su alrededor mosaicos de todos colores formando prados verdes, o cielos azules.
- Tierra llamando a Amy. ¿ves? estás en las nubes chica, ¿has escuchado algo de lo que te he dicho? - Dijo irritada.
- Linds, vaya lo siento, es que me vino a la mente un viejo recuerdo. De mi padre.
- Ahmm ¿y es más importante que hacerle caso a tu amiga del alma que te está contando sus penas?- el tono que puso no pudo evitar que riera - No me lo puedo creer, tener amigas para esto.
- Venga, ¿por qué no vamos a dar un paseo por Southbeach? así podemos caminar por la playa mientras nos tomamos un helado.
- Está bien, pero entonces tienes que dejarme un biquini por que como comprenderás si vamos a la playa no perdono un rayito de sol, necesito coger un poco de color ¿no crees?.
- Linds eres morena, mírame a mí, si me pueden confundir con un fantasma - Reí
nos pusimos unos biquinis cogimos unas toallas y nos fuimos a la playa. Allí como estábamos en pleno verano no era fácil encontrar aparcamiento, pero tuvimos suerte había uno justo al lado de un gran Porsche Cayenne negro, me sonaba ese coche, lo había visto en algún lugar. Nos compramos un helado y nos tumbamos en la arena, la playa estaba llena de gente, pero a lo lejos me llamó la atención un chico, estaba solo sentado en el muro que separaba la arena del parking, de piel blanca pero cuerpo esculpido, de pelo oscuro y ojos negro ¡era Eliel!, miré a Linds que se había percatado donde tenía mi mirada.
- ¿Está bueno eh? es nuevo en el pueblo y para el próximo curso está matriculado en el instituto, no veo la hora de empezar a clase - La miré exitada y nerviosa al mismo tiempo - Vamos a hablar con el, ya que seguro no tiene amigos y se sentirá solo.
- Ve tú, a mí no me interesa - Mentí de nuevo, deseaba ir donde el estaba - prefiero tomar un rato más el sol.- Amy que sosa eres.
- ¿Además que pasa con Roland?.
- Roland pasa de mí y lo sabes.
- Linds si no hablas con el nunca lo sabrás.
- Ya me has fastidiado - Dijo fingiendo enfado.
Cuando volví a mirar ya él no estaba, lo busqué desesperada con la mirada pero había desaparecido.
Llegamos a casa pasada la hora de almorzar, como mi madre no estaba en casa aún, tendría que preparar algo, así que saqué unos calamares a la romana que había en el congelador y los freí, mientras Lindsay cortaba para hacer una ensalada. Comimos y nos echamos en el sofá a ver la tele.
- Bah, no hay nada que merezca la pena - Comentó Linds - ¿y si me acerco a mi casa y traigo unas pelis?
La miré dubitativa y al final asentí.
- Vale pero por favor nada de guerra, que ya está el mundo mal.
- Claro bizcochito traeré de amor con final feliz - y se echó a reír - Vaaaaale tranquila, nada de guerra, estoy aquí en 10 minutos, espérame despierta - y me guiñó un ojo. Salió por la puerta y oí el coche arrancar.
Hice un poco de zapping, pero era verdad no había nada en la tele, miré que tenía un mensaje en el contestador, era mi madre, vendría tarde esa noche, me levanté y me fuí a fregar los platos del almuerzo, así hacía tiempo a que llegara.
- ¡¡¡Aaaaahhh!!! ¿Pero tú no puedes llamar antes de entrar? - Eliel tenía a Pulgas en los brazos y estaba sentado en la encimera de la cocina.
- Lo siento - Sonrió, qué sonrisa más perfecta, pensé - Estaba tu amiga en casa y ...
- Eso no es razón suficiente para que entres así. Dije tajante.
- Vale, prometo la próxima vez hacer más ruido - Dijo riendo.
- Eso no tiene que ver, en una casa ajena antes de entrar se toca en la puerta, se llama por teléfono, vamos lo que haría cualquier persona normal.
- Vaya eso sí que se me escapa. Pero no soy una persona normal - Se bajó, soltó a Pulgas en el suelo y se acercó para cogerme la mano, yo no la aparté - ¿Cómo estás? - Preguntó muy serio
- Pues la verdad no sé qué responderte, por que aún no creo que esto esté pasando.
- Supuse que te iba a costar entenderlo pero tengo que ponerte a salvo y necesitas saber todo lo que ocurre. Ya sabes una de las partes importantes pero aún hay mucho que tienes que saber.
Suspiré resignada.
- Tú dirás, por que yo no sé ni qué preguntarte, me siento totalmente bloqueada, aunque sí que te puedo contar algo curioso, después de conocerte, han empezado a surgir recuerdos en mi cabeza, recuerdos que no tengo desde que tenía cuatro o cinco años, recuerdos de mi padre.
- Bueno eso es buena señal, cuanto más recuerdes más fácil será para ti entender.
- ¿Cómo es posible que yo provenga de un ángel Eliel?.
- De un arcángel, Gabriel no es un ángel cualquiera ya lo sabes.
- Bueno como sea - Aumentaba la angustia.
- Bien. Dios que no estaba tranquilo con todo el mal que se estaba haciendo en el mundo mandó a Gabriel a la tierra en busca de información, quería averiguar por qué entre sus hijos, a los que él amaba con tanto fervor, albergaban tanta envidia, avaricia e ira, por qué se destruían entre ellos mismos. Gabriel estuvo diez días en la tierra, en esos diez días conoció a una bella joven hija de un pastor, alta, de tez blanca y ojos negros como el azabache - Enseguida me vino a la mente mi abuela Claire - Ella se enamoró perdidamente de él, y él se encandiló por ella y juntos crearon un hijo - mi padre - a su vez ese hijo tuvo una hija, y ahí es dónde estás tú.
Me miró esperando mi respuesta.
- No sé qué pensar. ¡Oh Dios santo! desciendo de un arcángel, ¿y mi madre sabe todo esto?.
- No. Ni siquiera lo sabe tu padre, tu abuela se lo llevó consigo a la tumba.
- Osea, ¿que mi abuela lo sabía?.
- Sí, Gabriel antes de volver al firmamento le contó lo que él era y el por qué estaba en la tierra, aunque no estoy seguro de si tu abuela lo creyó.
Nos quedamos un rato en silencio, tenía que digerir bien toda esa información, alcé la mirada para encontrarme con la suya, que no había apartado de mí ni un sólo segundo.
- ¿Y tú, qué eres? Dije intrigada por tener más respuestas sobre el.
- Amy, ya he vuelto - Gritó Linds desde la entrada.
- Voy, ya te abro - Dije desde la cocina - Tienes que irte, pero quiero saber más.
- Claro, volveré esta noche - Y me sonrió, su boca era perfecta de un color rojo apetecible.
Me fuí hacia la puerta y me giré para decirle adiós pero ya no estaba.
Nos pasamos la tarde viendo las pelis de Scary movie muertas de la risa, pero en mi interior estaba asustada, nerviosa y con ansias de ver de nuevo a Eliel. Cuando Linds se había ido y yo había cerrado y apagado las luces, subí a mi habitación y como siempre Pulgas esperaba acostado en mi cama.
Ahora esperaría a que él llegase.

Sigo enganchada a esta historia! eres buena amiga!
ResponderEliminarEso es importante, dicen que una buena historia es aquella que engancha desde el principio hasta el final :) GracIaS AMIGA¡¡¡ ;)
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